Las relaciones amorosas también tienen huella digital. Muchas veces, desde su origen. El hecho de que las vivamos cada vez más a través de las pantallas -un 40% de las parejas formadas desde 2009 se conocieron por internet, según un estudio de la Universidad de Standford- hace que esos recuerdos en forma digital se multipliquen exponencialmente. Nuestros abuelos se enviaban cartas. Nuestros padres revelaban carretes con las fotos que se hacían en ocasiones especiales. Nosotros hemos desarrollado la capacidad de acumular gigas con imágenes y conversaciones de esa relación intensa y tormentosa que no duró más de dos meses. Decidir qué hacer con ellas suma uno en ese protocolo posruptura que se ha vuelto más complejo en tiempos internet.

Dejar atrás a alguien con quien has compartido vivencias, experiencias y recuerdos es muy doloroso, y muchas veces la única solución al desamor es arramblar con todo lo conectado a esa persona y empezar de nuevo. Si antes esto suponía meter en una caja regalos, fotografías y recuerdos y esconderla en el altillo más inalcanzable de la casa, ahora hay otro problema: la huella digital.

Hablamos de estas cuestiones en nuestro espacio de sexualidad de esta semana, con la sexóloga Almudena M. Ferrer

Buscar más entradas